Prueba Mazda MX-5, uno de los cabrios más divertidos

Divertido, juguetón, atrevido y descapotable, así es el nuevo Mazda MX-5.

1989, Japón. Todos los trabajadores de la factoría de Mazda se encuentran con una sonrisa de oreja a oreja, son conscientes de su trabajo y de lo bien que han hecho las cosas. Llegan con un buen bagaje deportivo a sus espaldas pero con su nueva creación buscan algo diferente, algo que una a coche y conductor. Bajo estos parámetros nace el Mazda MX-5, el descapotable más vendido de la historia y un gran ejemplo del placer de conducir. Ahora, después de 27 años, llega la cuarta generación con una esencia que promete ser como el primero (el NA) pero con todas las comodidades actuales. Sin más preámbulos, empezamos.

 

Un diseño que enamora

Mi primera toma de contacto con el divertido descapotable fue un viernes noche. En una esquina, aparcado, me esperaba mi compañero Ferran para dejármelo durante un par de días. Llegue andando y de lejos ya lo vi, destacaba sobre cualquier otro coche que pasará en aquel momento. Nuestra unidad de pruebas era de color blanco y, bajo la noche de Barcelona, brillaba como una estrella más. Ferran me entrega las llaves, me explica cuatro cosas y se va. Antes de arrancar su delicioso motor 2.0 SKYACTIV-G de 160 CV, empiezo revisarlo y a mirar todos los ángulos habidos y por haber. Su diseño es pasional y, aunque se encuentra lejos del NA, tiene algunas similitudes.

Esta nueva generación del Mazda MX-5 destaca por el lenguaje de diseño KODO, el que acompaña a todos los modelos de la marca japonesa. De frente se muestra agresivo, contundente a la par que sutil. Sus faros alargados y finos albergan la tecnología Full LED, la parrilla es más grande y baja que en la generación anterior (NC) y, a cada lado, se sitúan las luces diurnas LED. Si subimos la mirada vemos un capó voluminoso, alargado donde destacan sus laterales voluptuosos que, desde la posición de conducción, dan una sensación de deportividad absoluta.

La zaga sigue los mismos preceptos y se muestra musculosa. Aquí destaca su difusor que esconde las dos salidas de escape en el lado derecho, las cuales, como veremos, emiten un sonido agradable. La vista lateral es muy estilizada y, en nuestra unidad, destaca por unas bonitas llantas de 17 pulgadas de 8 radios que le confieren un aspecto todavía más deportivo.

 

Creado para el conductor

Después de analizarlo por fuera me dispongo a abrir la puerta y a bajarme a su interior. Y digo lo de bajar porque su centro de gravedad está situado muy abajo y la posición de conducción es extraordinaria. Me acomodo en sus asientos de piel tipo baquet firmados por Recaro (en acabdo Luxury Sport) y noto que, a pesar de ser un poco estrechos, la posición es retrasada, baja y ergonómica, además de llevar las piernas completamente estiradas, como marcan las pautas de un buen deportivo.

Todo está a mano; la palanca del cambio, corta, precisa y con un tacto muy bueno, está en un sitio perfecto, igual que el freno de mano (de palanca claro, nada de botoncitos). El volante es algo grande para mi gusto pero me acostumbro bien a él, aunque girando y según la posición de las manos puedes llegar a tocar la luna delantera, algo que puede dificultar alguna maniobra. Detrás de él, el cuadro de instrumentos se divide en tres esferas; en el centro el cuentarrevoluciones, a la derecha el velocímetro y a la izquierda toda la información de consumo, kilómetros, temperatura, gasolina, etc.

La consola central es muy minimalista, con los botones justos y necesarios. Arriba se encuentra la pantalla táctil de 7 pulgadas, bastante intuitiva, que se controla con los mecanismos situados detrás del cambio, algo incómodos por culpa de los portabebidas situados justo entre los dos asientos, donde, por cierto, también se esconde la única guantera del Mazda MX-5. De hecho, si queréis guardar cosas en este coche es algo complicado ya que no dispone de huecos para ello. Lo que sí que tiene es conexión Bluetooth, dos entradas USB y una entrada AUX.

Pero, sin duda, lo que lo hace más especial es su capota. Ésta es de tela y su accionamiento es a la antigua usanza, manual y con la fuerza de los brazos. Abrirla y cerrarla es fácil aunque requiere de cierta habilidad. Todo el proceso se hace desde la posición de sentado y lo más laborioso es el momento de guardarla justo detrás de los asientos donde hay que hacer cierto contorsionismo con el brazo. Por culpa de la capota, el maletero queda reducido a minúsculo y sólo tiene capacidad para 130 litros, lo justo para un pequeño viaje de fin de semana.

 

Poco peso y buena potencia

Ahora sí, después de familiarizarme con todo, piso embrague, pulso el botón de arranque y empieza a sonar el 2.0 SKYACTIV-G de 160 CV. El primer impacto es bueno, en frio suena bien y esto me anima a pensar que me podré divertir con él. Arranco, con la capota descubierta, y empiezo a notar que, el Mazda MX-5 es muy dócil. Por ciudad se mueve bien y es muy ágil ya que sus poco más de 1.000 kilos hacen que sea muy fácil de llevar, por lo menos en ciudad. Te sientes observado ya que la gente lo mira y se sorprende por sus estilizadas líneas. El motor suena bien pero es hora de guardarlo en el parking y esperar al día siguiente para analizarlo bien.

Esta nueva generación del Mazda MX-5 es unos 100 kilos más ligera que la anterior gracias al nuevo motor SKYACTIV-G, a la utilización de aluminio en algunos elementos, una transmisión más ligera, así como un radiador más pequeño, etc. Sin duda la ma rca japonesa ha rizado el rizo buscando un coche más ágil y, una vez más, cercano al NA.

El motor de dos litros atmosférico y 160 CV es sensacional. Empuja bien desde abajo y aguanta hasta arriba. De hecho Mazda asegura que ha mejorado la entrega de par a bajo y medio régimen y, de verdad, se nota ya que incluso con marchas largas puede empujar sin problemas, aunque no tan bien como lo haría con una o dos marchas menos. El par total son 200 Nm a 4.600 rpm, favoreciendo un 0 a 100 km/h en 7,3 segundos y una velocidad máxima de 213 km/h.

Seguramente os pueda parecer unas cifras escasas, pero si se ajuntan con el poco peso declarado, la sensación de conducción es increíble.

 

Pura conducción

Tracción trasera, motor delantero, buena potencia y poca peso y bien repartido. Así se me presenta el nuevo día. Con el Sol el Mazda MX-5 brilla más y los trazos del diseño se ven mejor. Salgo del parking, donde por cierto el Miata me demuestra un ángulo de giro muy bueno, y me voy a una de mis carreteras de curvas preferidas. De camino paso por la autovía y allí me doy cuenta que es un coche perfectamente utilizable para el día a día, por lo menos en lo que consumos se refiere. Consigo medias de entre 5 y 6 litros a un ritmo normal y constante. Aún así, la sonoridad con la capota puesta no es agradable y el espacio se reduce considerablemente ofreciendo cierta sensación de claustrofobia (sobre todo si sois un poco altos).

Pero bien, el Mazda MX-5 es para llevarlo descapotado, y así lo hago cuando llego a mi carretera. Aquí empieza lo bueno, éste es su territorio por naturaleza y aquí es donde se muestran todas sus virtudes. Empiezo, el empuje no es explosivo, normal es motor atmosférico, pero si lo suficientemente lineal y contundente como para engancharte en el asiento. Empiezo a cambiar de marcha; segunda, tercera, segunda otra vez, y el tacto del cambio es casi perfecto. Corto, preciso, buen recorrido (aunque con algunas vibraciones), ayudado además por un embrague muy fácil de controlar. El sonido del motor y del escape me atrapa y me provoca más ganas de pisarle. Es un sonido limpio, un poco ronco, pero sin caer en la exageración.

Las curvas se suceden y la sonrisa es imborrable. La dirección es muy precisa y guía al coche por donde tú quieres. Ofrece una conducción atenta, como las de antes (con sus diferencias, claro) pero sin duda éste es el hábitat del Mazda MX-5. Los frenos aguantan bien la presión y ofrecen una frenada contundente, incluso cuando les exigimos un buen rato. ¿La única pega? La suspensión; ésta es de doble trapecio delante y multibrazo detrás y, en el caso de nuestra unidad de prueba, montaba una suspensión más deportiva firmada por Bilstein. A pesar de ello, es algo blanda y para enlazar curvas a buen ritmo provoca algo de balanceo. Aún así, el Mazda MX-5 es tremendamente efectivo y divertido.

Pero toda la diversión viene cuando desconectamos el control de tracción; aquí sí, amigo, esto sí que es conducir de verdad. Claro está que aquí ya hay que ir con mil ojos y atentos a todo lo que nos rodea, así como tener bien agarrado el volante, pero la diversión puede llegar a ser infinita. Atacando las curvas a buen ritmo casi no hay subviraje, pero si pisamos bien el acelerador donde toca, se abre un mundo de diversión y sobreviraje. Es aquí donde dejaremos bailar el tren posterior y lo corregiremos con un contravolante muy sencillo. No es un coche brusco, para nada, es muy fácil de controlar y llevar, pero también hay que saber reaccionar ante una “culeada”.

 

Me toca devolverlo…

Se acabó, el trayecto con el Mazda MX-5 llegó a su fin. No quiero bajarme de él, llevo una sonrisa permanente, pero es lo que hay… He disfrutado todo lo que he podido de él, lo quería tener en mi garaje al lado del Toyota GT86, pero no puedo.

Si buscáis un coche divertido, diferente al resto, sin turbo y descapotable, este es vuestra mejor opción. Por un precio de partida de unos 27.000 euros (sin descuentos y con este motor) puede llegar a ser un juguete muy entretenido, sobre todo si lo que os gusta es recorrer carreteras sinuosas. Eso sí, si lo utilizáis como segundo coche, ningún problema, pero si es vuestro único coche mejor que estéis solteros/as o con sólo pareja, ya que no admite más espacio.

Me gusta

  • Comportamiento en zonas reviradas.
  • Tacto del cambio.
  • Respuesta del motor.

A mejorar

  • Suspensión algo blanda para conducción deportiva.
  • Mecanismo de la capota un poco contorsionista.
  • Sensación con la capota cerrada.

Opiniones de más probadores.

Cristian.

Divertido y juvenil, sorprende por su aceleración y maniobrabilidad. Me gustan las sensaciones que ofrece, el sonido del motor y del escape, su estética y el mecanismo de la capota. Mejoraría algunas vibraciones del cambio y algunos materiales del interior.

Telva.

Este nuevo Mazda MX-5 supera con creces a su antecesor, tanto en su comportamiento como en el confort de los pasajeros. El roadster de la firma recuerda a los primeros modelos, que aseguraban diversión, pero sin correr riesgos de los antiguos tracción trasera. En fin. Un coche para pasarlo muy bien y que, gracias a su precio ajustado, puede hacer sombra a sus rivales más exclusivos.

Ferran.

Cuando te subes en él y conoces su historia, sabes que te vas a divertir y así es. Un coche para llevarlo con el TC desconectado y te dibujará una sonrisa en la cara. Su tracción trasera y la nobleza de la zaga, harán tus delicias. Yo me divertí mucho, es verdad que no te deja pegado al asiento de forma brusca pero no hace falta aunque si superasen los 200cv…. Seria una bestia. El Mazda MX-5 esta muy bien equilibrado en todo, un diseño deportivo y agresivo, motor enérgico, poco peso y tracción trasera, un cóctel espectacular creado para divertir al volante.

Galería.

Author: Redacción Adictos a la gasolina

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